Obesidad

Obesidad

Raíces antropo- biológicas
Obesidad, un grave problema de saludEl aspecto que presenta el conjunto de enfermedades crónico-degenerativas del género humano en un momento en el que hemos comenzado el siglo XXI nos indica que ha transcurrido mucho tiempo desde aquella época en la que el hombre primitivo se ganaba día a día el sustento alimenticio estando expuesto a tantas y tantas dificultades y peligros que le acechaban continuamente.
Nos vamos a centrar en la obesidad, una enfermedad metabólico-nutricional que ha sido considerada y valorada de manera variable a lo largo de los siglos, estando impregnada de connotaciones estéticas, culturales y sanitarias.
Se ha hablado mucho en estos últimos tiempos de las enfermedades del progreso y de la civilización que como enfermedades "postizas" parecen confirmar la creencia científica de que el hombre al apartarse de las leyes biológico-naturales por las que se rige la salud y la vida se han ido perturbando ciertos mecanismos homeostáticos o de adaptación al medio ambiente y que han originado un estado degenerativo con carácter hereditario o transmisible.
La obesidad es una enfermedad muy compleja que se presta magníficamente a un estudio antropo-biológico, ya que sus raíces partieron de un desorden progresivo desde tiempos inmemoriales, en los que la biología del hombre funcionaba perfectamente, prácticamente como la de los demás seres de la creación.
Ha "llovido mucho" científicamente desde que los investigadores Cannon y Claude Bernard confirmaron ese equilibrio interno que el hombre debe mantener para conservarse sano.
Este equilibrio sigue estando vigente en la actualidad, pero a lo largo del tiempo se han ido incorporando a este principio básico de la homeostasis otras consideraciones científicas como las que defendió Charles Darwin en su tratado de la evolución de las especies, por las que debe entenderse que el hombre como ser biológico es un ser cambiante y mutante de acuerdo con una respuesta de adaptación contínua al medio ambiente y que ha acontecido a lo largo de los siglos hasta nuestros días. Dicha respuesta de adaptación ha podido ser transmitida genéticamente a sus descendientes con miras a asegurar su supervivencia.
El profesor Hans Selyé de Canadá descubrió que esta respuesta a las dificultades y tensiones del medio ambiente y del propio medio interno sigue unas fases determinadas en lo que él llamó el síndrome de adaptación general al estrés.
El descubrimiento del "subconsciente" e "inconsciente" por Sigmund Freud confirmó que existe otra dimensión oculta en la personalidad, que ha podido explicar esas reacciones anormales que se encuadran dentro de las reacciones psico-neuróticas o psico-somáticas y que frecuentemente observamos en los humanos.
Con estas consideraciones podemos entender que el estudio de la obesidad tiene que resultar muy complejo, porque a través de estímulos -respuestas concatenadas que han venido sucediendo en el pasado- nos obliga en su valoración a dirigirnos hacia el pasado, para hacer una valoración antropo-biológica de la misma, hacia el exterior para hacer una valoración socio-cultural y ecológica, hacia el interior para hacer una valoración psicológica y finalmente hacia el aspecto energético-metabólico para hacer una valoración nutricional.
Sin pretender hacer disquisiciones especulativas el hombre primitivo mantenía unas condiciones excelentes de entretenimiento biológico continuo ante las situaciones estresantes o peligrosas. Tenía que, forzosamente, por la ley de la supervivencia y conservación de la especie, mantener un rendimiento óptimo de su cuerpo, de sus nervios y de su mente. Se daba el contrasentido favorable de que cuantas más dificultades y menos probabilidades de sobrevivir tenía, mejor tenía que desarrollar sus facultades orgánicas y psico-nerviosas, para conseguir sus alimentos, dormir, reponer sus energías y reproducirse.
El problema de la obesidad surgió cuando el hombre tenía que estar algún tiempo sin conseguir su alimento, porque era escaso, difícil de conseguir o porque había otros hombres o animales salvajes con los que se tenía que disputar la comida en una lucha competitiva.
El hecho evidente es que la naturaleza le dotó de unos mecanismos de reserva en forma de un depósito de energía (grasa) para mantenerse con vida cuando sufría periodos prolongados de hambre o de inanición. Desde un punto de vista metabólico se sabe que la glucosa se deposita en el hígado en forma de glucógeno, la vitamina C en las suprarrenales, las vitaminas liposolubles en las grasas y en el hígado y así podríamos poner un sinfín de ejemplos.
Pero lo curioso fue que al hombre le resultaba más fácil depositar la grasa y otros nutrientes liposolubles, que liberarse de ellos. De esta manera se aseguraba mejor la supervivencia de la especie, aunque se vislumbraba ya el peligro potencial de la obesidad.
Si retratamos el perfil de ese hombre primitivo en la etapa en que fue cazador, su "profesión" le obligaba a ejercitar sus músculos, agudizar su vista, su oído, sus reflejos y a dormir el menor tiempo posible, estimulando continuamente su circulación, su metabolismo, etc., lo cual le permitía mantener una morfología y composición corporal perfectas de acuerdo con sus necesidades biológicas apremiantes. Luego, en este contexto ambiental no cabía pensar en la obesidad.
El principio de ejercitar sus órganos y funciones se ha mantenido en todo su esplendor a lo largo de la primera etapa de la humanidad. Pero con el paso del tiempo, por las nuevas circunstancias culturales y del progreso, el hombre se ha ido atrofiando y en vez de adaptarse a la naturaleza ha pretendido y sigue pretendiendo que la naturaleza se adapte a él.
Sabido es que con las nuevas formas de vida y el advenimiento de la era industrial y post-industrial que se inició en Europa el hombre se ha vuelto mucho más sedentario. La máquina ha ido sustituyendo al hombre y le ha suplido en muchas de las funciones que antes tenía que desempeñar manualmente o con su propio cuerpo y los efectos de todo esto, que no merece explicarse con más detenimiento, ha originado la ingente cantidad de seres obesos que habitan principalmente en los países industrializados y superdesarrollados.
Como la obesidad tiene una relación directa con la estética corporal y con la auto-imagen lleva implícita, además, unas connotaciones estéticas y sociales. Con relación a la situación compleja del obeso ¿qué se puede hacer? Creemos que debemos hacer dos distinciones: por una parte, conocer la carga hereditaria que puede incidir sobre el obeso dificultanto o impidiendo su prevención y curación, cosa difícil de determinar, ya que es muy difícil desligar lo genético de lo exógeno, ambiental, cultural y educacional; y por otra, conocer a través de una interpretación científica actualizada lo que le ocurre al obeso desde un punto de vista energético y metabólico y que tipo de dieta o tratamiento debe recibir. Debemos decir que los tratamientos con efectos parciales o limitados no pueden funcionar porque no se suprimen las causas primarias de la obesidad. Nos referimos a dietas de moda o "productos milagro", dietas que tienen un efecto parcial y efímero tanto desde un punto de vista nutricional como psicológico, social y educacional. Todavía complica más los efectos del tratamiento si, a veces, están implicados, como se sabe, factores o intereses comerciales o publicitarios.
Para abordar el problema del obeso, debemeos hacerlo trabajando simultáneamente en varios frentes:
La nutrición
La nutrición es uno de los pilares fundamentales para prevenir y curar la obesidad. Algunas de las interpretaciones que se han dado hasta ahora sobre cuál debería ser el tipo de alimentación del obeso son parciales y limitadas y algunas de ellas antinaturales, contradictorias y desequilibradas.
Se encuentran defensores y adversarios de los diferentes sistemas nutricionales que se aproximan o bien a una alimentación más natural, más vegetariana, más crudívora o a un sistema más amplio, más omnívoro y carnívoro. En algunos casos están incluidas también consideraciones religiosas.
Finalmente van implicados también en los nuevos tiempos que estamos viviendo, aspectos consumistas, culinarios y gastronómicos.
Para conocer adecuadamente la alimentación que le correspondería al "homo sapiens" tendríamos que valorarla también desde un punto de vista cultural y antropo-biológico.
La nutrición científica ha dado pasos gigantes en las últimas décadas y ya no se considera la hermana menor de la higiene y de la medicina preventiva. No obstante, hay una cierta diferencia entre cómo comía el hombre primitivo un fruto extraído o arrancado directamente de un árbol bien nutrido y no contaminado o cuando se comía un trozo de carne fresca de un animal sano, que de por sí se nutría de vegetales y frutos, entre otras cosas saludables, y lo que come y cómo come el hombre actual. El aporte energético, plástico, vitamínico, mineralizante, etc., del alimento que consumía se regía por el principio de la complementación, el hombre obtenía del alimento lo que le faltaba o necesitaba.
Las cosas en el mundo de la nutrición cambiaron mucho desde la aparición del fuego, con el que el hombre empezó a cocinar sus alimentos, y sobre todo, a partir de la era industrial haciendo que poco a poco, los hombres hayamos ido consumiendo cada vez más alimentos cocinados, procesados, refinados, desnaturalizados, etc., y que el gusto y el paladar y las nuevas costumbres alimenticias se han ido imponiendo frente al instinto de selección certera de los alimentos que el hombre primitivo poseía, al igual que los otros animales de su entorno.
El problema que se plantea también con los sistemas de alimentación y dietas específicas es que queda mucho por investigar en el terreno científico y de la confirmación. Se desconocen muchos factores y nutrientes en el ámbito de la nutrición y metabolismo, que no han sido aún químicamente identificados. Como los procesos digestivos, asimilación y nutrición de los tejidos están relacionados a su vez con la parte psíquica y emocional de la persona, así como factores e influencias de su entrono social y ecológico, los efectos de los nutrientes se hacen incluso más difíciles de valorar.
A medida que el hombre se ha ido apartando de los hábitos de vida saludables y de la influencia de estímulos naturales favorables han ido apareciendo manifestaciones crónicas y degenerativas como la diabetes, obesidad, caries, estreñimiento, varices, arteriosclerosis, etc., que son similares según estudios comparativos de Jores y otros autores, a las que presentan animales domésticos. Por el contrario ciertos pueblos y colectividades que habitan en ciertas zonas altas y montañosas del globo, apartadas del progreso y de la civilización, como las cordilleras del Cáucaso, del Pakistán lindando con China y en el Ecuador, que viven todavía bajo unas condiciones naturales y estables, conservan una salud óptima sin obesidad y otras manifestaciones degenerativas hasta edades muy avanzadas. También es digno de resaltar el estado de salud óptima que disfrutaban los indios de Norteamérica en condiciones naturales como cazadores o agricultores y la aparición de manifestaciones degenerativas (obesidad, diabetes, etc.) cuando estos entraron en contacto con la civilización y vivieron en reservas.
Como la nutrición es el pilar fundamental de la prevención y tratamiento de la obesidad queremos detenernos un poco más en este apartado.
La nutrición como se sabe aporta energía, reconstrucción de los tejidos, regulación del metabolismo, etc. y ello lo consigue a través de los glúcidos, (azúcares) que proporcionan energía rápida o inmediata, los lípidos, (grasas) que proporcionan energía de reserva, y las proteínas y ciertos minerales, oligoelementos, biocatalizadores, etc., que tienen una función reguladora del metabolismo.
No nos debemos olvidar del agua, ya que este elemento es indispensable para la vida. Prácticamente todas las reacciones metabólicas se realizan en un medio acuoso. El agua sirve como medio de dilución, de vehículo, arrastre, transporte y evacuación de residuos tóxicos o metabólicos, etc.
Un elemento muy necesario en la nutrición, que últimamente se está considerando como muy valioso es la fibra vegetal, que estimula el funcionamiento y tránsito intestinal. Actualmente se están considerando los anti-oxidantes (vitaminas E, C, betacarotenos, bioflavonoides y ciertos minerales como el selenio, cinc, cromo, etc.) como sustancias imprescindibles para combatir y prevenir ciertas enfermedades crónicas y degenerativas como el cáncer, diabetes, arteriosclerosis, etc., y que de hecho, están muy ligadas a la obesidad.
En este contexto podemos decir que la alimentación del obeso deberá ser lo más natural posible (una buena proporción de alimentos crudos e integrales bien masticados), saludable (no perseguir sólo el adelgazamiento sino también mejorar la salud y prevenir las enfermedades), completa (con inclusión de todos los alimentos y nutrientes), variada (cambiar el repertorio de los alimentos continuamente), equilibrada (todos los nutrientes en las debidas proporciones), placentera (que incite a comer los alimentos y se sienta placer al comerlos) y que respete en lo posible las preferencias y las costumbres alimenticias o culinarias familiares o regionales.
El tratamiento del obeso debe mantener dos principios básicos: a) reducción de la ingesta calórica (dieta hipocalórica) y b) aumentar el gasto energético o calórico mediante el ejercicio físico, exposición a estímulos naturales, aumento del metabolismo basal y del poder termodinámico de los alimentos. El tratamiento dietético del obeso debe considerarse como un tratamiento transitorio y deben pasarse lo antes posible a un sistema de alimentación saludable de por vida, que esté de acuerdo con los datos antropométricos, laborales y sociales de la persona. En este sistema de alimentación permanente debe sintonizarse también con la etapa biológica de la persona (lactancia, niñez, adolescencia, senectud, embarazo, etc.) y se deben buscar siempre los efectos preventivos de la nutrición para alcanzar una vejez sana y feliz.
El tratamiento dietético de la obesidad se debe considerar con el mismo rigor científico como si se tratara de cualquier otra enfermedad metabólico-nutricional como la diabetes, arteriosclerosis, etc. Se debe atender en dicho tratamiento tanto evitar la toxemia o acúmulo de residuos metabólicos tóxicos (urea, ácido úrico, toxinas, etc.), por efecto de dietas hiperproteicas, hiperlipídicas, excesivamente carnívoras, etc., como los estados hiponutricionales o subcarenciales provinientes de dietas hipocalóricas demasiado restrictivas, anti-naturales y desequilibradas, que pueden acarrear deficiencias vitamínicas, de anti-oxidantes, de determinados minerales, etc., sobre todo en etapas biológicas críticas como en la infancia, embarazo, edades avanzadas, etc.
Lo que hay que conseguir sobre todo en el obeso es que recupere de nuevo su composición corporal correcta en lo concerniente a su parte grasa, parte magra, agua y otros elementos celulares activos, aumentando su metabolismo basal, según corresponda a su edad, sexo, peso, talla, complexión y demás datos vitales y socio-ambientales. Aumentando la masa muscular y celular activa con ayuda de ciertos nutrientes y del ejercicio físico, el obeso aparte de reducir su peso, no de una manera falseada sino de una manera saludable, puede restaurar y activar su metabolismo, quemando más calorías, consiguiéndose a su vez, una mejor regeneración celular y todo ello apoyado en unos hábitos de vida y de alimentación saludables. Por efecto de una auto-regulación calórica y metabólica más eficaz y auto-suficiente, que supondría la puesta en marcha del "ponderostato" natural, cabrá esperar que el obeso se cure y no aumente más de peso, salvo ligeras oscilaciones circunstanciales.
 
Ejercicio y actividad física
La práctica del ejercicio y la actividad física son imprescindibles para prevenir las enfermedades y para mantener un estado de salud óptimo. El ejercicio y la actividad física sirven de magnífico complemento en las dietas hipocalóricas que son las que se suelen recomendar en los regímenes de adelgazamiento.
El ejercicio físico tiene efectos favorables múltiples no sólo sobre la obesidad sino sobre la salud en general y el metabolismo energético. Mejora la digestión y asimilación de los alimentos, normaliza el apetito, calma la ansiedad y necesidad compulsiva de comer, consume calorías de más, mejora la autoestima, mejora la calidad del sueño, la seguridad en sí mismo, aumenta la fuerza de voluntad y el bienestar personal, entre otros muchos efectos. Todo ello es de especial importancia para seguir correctamente una dieta de adelgazamiento y conseguir resultados óptimos.
El hombre actual se halla en un verdadero atolladero en la práctica del ejercicio físico, ya que lleva una vida muy sedentaria por la motorización de sus desplazamientos, por el tipo de trabajo que realiza, cosa que no le ocurría al hombre primitivo.
Higiene mental
Existe una ley básica por la que se rige el bienestar mental de las personas, y es que las personas deben tener cubiertas sus necesidades básicas para sentirse sanas, tranquilas y felices. Esto coincide en parte, con la apreciación que existe hoy en día, sobre lo que se entiende por calidad de vida.
Muchas de las tendencias compulsivas a comer en exceso provienen de frustraciones o insatisfacciones de las personas, haciendo que éstas recurran a sustituir una necesidad real por otra ficticia.
En el terreno psicológico de la obesidad podemos decir que la mayoría de los obesos no se conocen lo suficiente a sí mismos. Recordemos el aforismo de Sócrates "Conócete a ti mismo".
Sin un buen conocimiento de nuestras limitaciones, frustraciones, deseos reprimidos, complejos internos, etc., no podremos deshacer esta tendencia compulsiva a comer en exceso, que suelen tener algunos obesos. La tendencia neurótico-compulsiva a comer o "picar" entre horas o con unas preferencias a alimentos insanos, cargados con un exceso de sal y picantes, unido al consabido exceso de alcohol, tabaco, café y licor, no significa otra cosa que el auxilio de una "muleta", al que deben recurrir para calmar su ansiedad o malestar interior. Se debe entender como un mecanismo de compensación o de alivio en el sentido de que si a uno le falta algo (que para la persona es valioso) lo tiene que compensar o suplir con otra cosa. La insatisfacción de un instinto la tiene que suplir o compensar con otro instinto o con otra satisfacción. La insatisfacción del amor y cariño que el hombre necesita, puede dar lugar a que ese hombre recurra a la exageración del apetito, volviéndose goloso o bulímico.
Estas puntualizaciones psicológicas prácticas nos permiten entender que para que el obeso pueda modificar su conducta bulímica o de comer en exceso, debe liberarse de su malestar psíquico, miedos, frustraciones, complejos psicológicos, etc., a través de un mejor conocimiento de sí mismo, preferentemente con la ayuda de un psicólogo o psicoterapeuta competente.
Finalizando estas consideraciones debemos decir que la raíz psicológica del mal del obeso está más bien en el "¿por qué?" y "¿para qué?" come que en el "¿qué?", "¿cómo?" "¿cuánto?" y "¿cuándo?" come y recordemos siempre que si el obeso está obligado a liberarse de la grasa superflua que no le sirve para nada, también está obligado a liberarse de sus complejos neuróticos, de sus miedos y frustraciones que operan desde el subconsciente.
 
Los ritmos biológicos
Cuando se satisface una necesidad biológica se pasa al estado opuesto. Es decir el sueño conduce a la vigilia, la tensión a la relajación, y el trabajo al descanso o viceversa. En los obesos se observa una perturbación de algunos de estos ritmos biológicos, cuyo perfecto ordenamiento y secuencias en el tiempo, indicarían una buena salud.
Después de saciar el hambre viene la sensación de plenitud. Así los animales y el hombre primitivo, se olvidaban de comer hasta que nos les entraba de nuevo el hambre. Este ritmo natural ha quedado en gran parte alterado y neurotizado en el hombre actual, el cual está acostumbrado a comer y a "picar" entre horas, por motivos sociales, neuróticos, costumbristas, etc. Esta tendencia cuando es compulsiva, resulta altamente perniciosa como ocurre en los glotones, bulímicos o neuróticos obsesivos. Nos tendríamos que acordar de nuevo sobre lo que dijimos cuando hablamos de la psicología de los obesos. 
 
Necesidades amorosas y afectivas
No somos un "yo aislado" sino más bien un "yo entre nosotros". Con esta referencia pretendemos significar lo que defendieron los psicoterapeutas Adler y Kunkel en el sentido de que debe predominar "el sentimiento del nosotros" en las relaciones con nuestros semejantes.
Probablemente una de las necesidades básicas humanas más importantes sea la capacidad de amar y de ser amado, aparte de otras necesidades afectivas y amistosas que contraemos con nuestros familiares, amigos y semejantes. Cuando el objeto amado no está a nuestro alcance, debemos cambiarlo por otro objeto más noble y elevado mediante el procedimiento de la sublimación, a fin de no quedar frustrados, reprimidos o traumatizados. Dentro del planteamiento de la perfección humana un objeto puede ser reemplazado por otro objeto superior. El amor a la amistad a un ser superior como el Dios creador, el sentido del deber cumplido pueden ser metas que sublimen las necesidades físicas y psicológicas de otros objetos más mundanos y materialistas y que no estén a nuestro alcance o los demos por perdidos. Cuando se subliman bien las necesidades físicas y psicológicas por otros valores más elevados no se producen frustraciones traumáticas ni transtornos psico-mentales que puedan originar alteraciones bulímicas o compulsivas en la conducta alimenticia.
 
 
Estímulos naturales saludables
El estar en contacto con la naturaleza y dejar que nos beneficie con sus innumerables estímulos favorables como la brisa del viento, el frescor de la alta montaña, los rayos del sol que nos calienta en invierno, la visión de un bello paisaje, etc., no sólo nos deleita sino que favorece nuetra salud psíquica y corporal.
Como ya dijimos al principio de este artículo uno de los principales motivos del deterioro del hombre actual es su distanciamiento de las influencias naturales favorecedoras, sobre todo, el que vive en la grandes urbes. El ambiente urbano artificial, complicado y estresante es perjudicial para la salud, pues produce alteraciones neurovegetativas que pueden incidir en la conducta alimenticia de las personas. La vida actual exige a veces que comamos deprisa con tensión nerviosa, una comida que es catalogada muchas veces como "comida basura" y lo que es peor aún, muy sobrecargada de grasa animal y azúcares refinados que es lo que más engorda.
El volver a la naturaleza y dejarse beneficar por ella en cuanto a la oxigenación, deportes, ejercicio o distracciones al aire libre, etc., es de suma importancia para la recuperación del peso normal. No se trata, ni mucho menos de volver a la edad de piedra, sino de disfrutar de un ambiente más natural, más saludable, libre de tóxicos, de contaminación, de ruidos excesivos, etc.
La realización profesionalUna necesidad básica que no debemos dejar de considerar es la de ejercer un trabajo digno, que a uno le guste y que esté bien remunerado con posibilidades de ascenso o de realización profesional. La autorrealización personal tiene mucho que ver con la actividad laboral o profesional que uno desempeña. Las motivaciones, realizaciones y frustraciones laborales pueden influir también en los hábitos alimenticios contribuyendo o no a que se resuelva el problema de la obesidad.
 
Resumen y conclusiones
La obesidad es una enfermedad multifactorial y complicada. Los tratamientos que se suelen recomendar para prevenirla o curarla, incluso en algunas clínicas acreditadas, resultan fallidos, cuando no perjudiciales, sobre todo si se trata de dietas "espartanas", monótonas o desequilibradas. Como los obesos no suelen ser tratados de una manera integral atendiendo a todos los factores involucrados (alimentación, psique, relaciones sociales, ejercicio físico, actividad laboral, entorno ecológico, etc.) los resultados suelen ser efímeros y en ocasiones desesperantes, sobre todo para los pacientes que van de profesional en profesional malgastando su dinero, su salud y su tiempo. A veces se suele producir un círculo vicioso con una carga creciente de angustia/ansiedad que puede acabar en un estado depresivo.
La solución de este complejo problema que no ha existido en los albores de la humanidad, cuando el hombre primitivo gastaba cada día las calorías que ingería, siendo sus mecanismos metabólico-energéticos internos completamente eficaces, está en la medicina integral que atiende a todos los factores que la previenen o curan.
 
Si el paciente obeso no sigue de una manera sincera y realista las orientaciones que se han dado en este artículo modificando y reformando su estilo de vida no podrá esperar que su problema se resulva de una manera radical y definitiva a menos que se trate de una obesidad secundaria producida por una enfermedad clínica concreta como por ejemplo el hipotiroidismo y podrá ser corregida mediante la aplicación de extractos tiroideos o la administración de yodo.
Nuestro propósito en este artículo ha sido indicar a nuestros lectores que la obesidad manifiesta o la avanzada o masiva, se consideran como una "estación término" de un conjunto de factores y hábitos de vida insanos que han incidido sobre la salud y metabolismo energético de la persona durante largo tiempo, y para corregirla hay que ir en sentido opuesto buscando en el pasado la esencia y perfil del hombre primitivo, aunque ubicado en nuestro tiempo, con las ventajas y disfrute saludables de nuestro progreso técnico científico y civilización que nos hemos ganado a pulso, a través de los siglos.

 

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